En Chile, el acceso a la recreación y a espacios de encuentro sigue siendo un privilegio para muchos. Sin embargo, para niños, niñas y adolescentes que viven en campamentos y para personas adultas en situación de discapacidad intelectual, esta exclusión no solo limita el disfrute del tiempo libre, sino que impacta directamente en su bienestar emocional, su salud mental y su participación en la vida comunitaria.
Con ese desafío como punto de partida, la ONG Moviendo está impulsando el proyecto “Recreación para la cohesión social y bienestar”, financiado por el Fondo de Iniciativas para la Superación de la Pobreza “Para Vivir Mejor”, línea Acción Social, concurso 2025, del Ministerio de Desarrollo Social y Familia.
La iniciativa busca promover el bienestar integral y la salud mental de niños, niñas y adolescentes del campamento Felipe Camiroaga, en Viña del Mar, y de personas adultas con discapacidad intelectual de Viña del Mar, Quilpué y Villa Alemana, a través de talleres recreativos comunitarios, inclusivos y participativos.
Una deuda pendiente con la recreación
La recreación no es un lujo: es un derecho. Así lo establece la Convención sobre los Derechos del Niño, que en su artículo 31 reconoce el derecho de niños y niñas al descanso, al juego y a participar en actividades recreativas y culturales. Chile, como Estado parte, está comprometido a garantizarlo.
Sin embargo, la realidad muestra brechas profundas. Según datos del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (2018), más de la mitad de los hogares en campamentos del país tiene jefatura femenina, lo que suele asociarse a mayores condiciones de vulnerabilidad económica. A esto se suman condiciones de hacinamiento, precariedad y limitado acceso a servicios básicos, que afectan negativamente el bienestar físico y mental de las personas, incluyendo sus posibilidades de recreación y encuentro.
La Primera Encuesta de Desarrollo Humano en Niños del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (2018) reveló que 4 de cada 10 niños, niñas y adolescentes sienten que no hacen lo suficiente de las cosas que les gustan, y un 19% declara que rara vez tiene tiempo libre para ello.
En paralelo, las personas adultas con discapacidad intelectual enfrentan barreras persistentes para acceder a espacios de ocio y deporte. El Tercer Estudio Nacional de Discapacidad (2023) del Servicio Nacional de la Discapacidad señala que el 79,3% de las personas adultas con discapacidad no realizó actividad física durante el último mes, cifra considerablemente mayor que en la población sin discapacidad.
“La recreación, según consta en estudios de varias disciplinas, no solo aporta al bienestar individual y la salud física y mental, sino que fortalece el tejido social, fomenta el empoderamiento comunitario y genera redes de apoyo mutuo. Asimismo, la posibilidad de participar en instancias recreativas, de ocio y deportivas es un indicador de desarrollo humano”, comenta el coordinador del proyecto y Director de ONG Moviendo, Pablo Fuenzalida.
Un proyecto con base comunitaria
Frente a este escenario, “Recreación para la cohesión social y bienestar” propone una intervención concreta y participativa.
El proyecto contempla: Cuatro talleres recreativo-deportivos comunitarios: 2 enfocados en niños, niñas y adolescentes del campamento Felipe Camiroaga y 2 dirigidos a personas adultas con discapacidad intelectual; e instancias conjuntas entre ambos grupos, promoviendo el encuentro intercomunitario.

imagen de uno de los talleres con niños y niñas del campamento Felipe Camiroaga
El foco no estará únicamente en la actividad en sí, sino en su capacidad para fortalecer vínculos, generar espacios seguros y potenciar el bienestar integral.
Para el caso de los talleres con niños y niñas, la coordinadora Paula Soto menciona que “de acuerdo a lo que hemos observado, a los participantes les gusta mucho asistir y encontrarse entre ellos, muchas veces, ellos esperan los talleres para poder ver a sus amigos y conocidos a quienes no ven tan seguido si no fuera por estas actividades. A través de sus padres y apoderados, los niños nos preguntan mucho cuándo serán los próximos talleres, por ende, vemos que hay un interés permanente por participar, están muy pendientes porque les gusta asistir”.
Un diagnóstico participativo inicial con ambos públicos permitió definir el área específica de los talleres. Para el trabajo realizado en 2025, el grupo de niños y niñas del campamento Felipe Camiroaga eligió un taller de cocina, mientras que los adultos en situación de discapacidad intelectual, un taller de baile coreográfico. Junto con esto, ambos grupos participaron en una jornada conjunta que se desarrolló en el Museo Artequín de Viña del Mar.
El periodo de ejecución se extiende hasta el 2026, por lo que se proyecta la realización de dos nuevos talleres y una instancia conjunta.
Ocio inclusivo: participación en igualdad de condiciones
Chile adhiere también a la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que en su artículo 30 promueve la participación en igualdad de condiciones en actividades recreativas, deportivas y culturales. Sin embargo, la brecha entre el marco normativo y la realidad cotidiana sigue siendo significativa.

Imagen del taller de baile coreográfico, extracto de video realizado por los participantes
El proyecto apuesta por reducir esa distancia, generando espacios diseñados desde la inclusión y la participación activa.
Camila Gálvez, psicóloga y coordinadora de actividades con personas con discapacidad, comenta que una de las cosas que más aporta al bienestar de las personas es que los hacemos relacionarse con otros participantes, no solo con personas que tengan la misma situación de discapacidad, sino con todo tipo de personas. Nosotros somos un grupo variado. Hemos visto que les encanta participar con otras personas y más si es haciendo algo entretenido como la danza”.
José Gómez, uno de los participantes del taller de baile, plantea que le gusta participar “porque hago ejercicio, conozco otras personas y me entretengo. Gracias a Moviendo, conocí a los profes y a nuevos amigos”.